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La luz natural y la iluminación condicionan nuestra salud, la biodiversidad y

el equilibrio de los ecosistemas.

Cuando la iluminación artificial nocturna no se diseña con este enfoque, sus efectos se reflejan directamente en la calidad de vida y en la resiliencia de los territorios.

La iluminación nocturna no es solo una cuestión técnica ni energética.

 

La forma en que iluminamos también influye en el descanso, el bienestar y

la experiencia del huésped.

 

​La ciencia ya lo explica.

Durante años hemos tomado decisiones sin conocer su impacto biológico real.

La luz es uno de los reguladores biológicos más potentes de la vida en la Tierra. Influye de forma directa en el funcionamiento del cuerpo humano, en el comportamiento animal, en los ciclos de las plantas y en el equilibrio de los ecosistemas. Su impacto se manifiesta a escala sistémica, desde los procesos hormonales hasta la dinámica de territorios completos.

Durante décadas, esta influencia ha sido ampliamente subestimada. Solo en tiempos recientes, a través del desarrollo de la cronobiología, la ciencia ha comenzado a comprender cómo los ciclos naturales de luz y oscuridad regulan los sistemas vivos.

Este nuevo conocimiento muestra que muchas decisiones que solemos considerar puramente técnicas tienen efectos biológicos y ecológicos mucho más profundos de lo que se ha evaluado hasta ahora.

Enfoques centrados principalmente en el ahorro energético o en la elección del color de la luz influyen directamente en la salud, los ritmos biológicos y el equilibrio de los ecosistemas.

Trabajo con administraciones públicas y alojamientos turísticos para informar sobre estrategias de iluminación basadas en evidencia científica, integrando cronobiología, salud humana y ecología nocturna para crear entornos más saludables, sostenibles y resilientes.

LA OSCURIDAD NATURAL DE LA NOCHE
ES UN PILAR IMPORTANTE DE LA VIDA.

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